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Cine / Futuro presente

No pienses. Pensar es el enemigo de la creatividad. El estar consciente y cualquier cosa con consciencia es pésima. No pueden intentar hacer cosas. Simplemente “debes” hacerlas.

Ray Bradbury

Todos pelados, rapados y/o unificados en un mismo look como reos en penitenciaría para evitar el destaque o identificación de algún recluso, porque acá somos todos iguales. Monocromáticos y homogéneos, llevan una especie de mameluco de compañía de limpieza pública, o un extravagante servicio de catering para fiestas. Ya lo destapaba Fritz Lang en Metropolis (1927), donde todos caminábamos al unísono, paso a paso y con el mismo gesto: el de la nada.

Son sólo imágenes. ¿Son sólo imágenes? Las que recibimos durante toda la vida, que indican desde siempre cómo deben ser las cosas. Los medios determinan los caminos a seguir, “ilustrándonos” qué está bien y qué está mal, cooperando a consolidar ese imaginario colectivo que no le es ajeno a nadie. El cine, por su parte, ha contribuido con numerosos casos que intentan diagramar nuestra forma de pensar: generación de ideologías, tendencias y principios. Un machaque incesante y adoctrinador.

Proyectos: Vila Barberà | pianopiano studio

La flexibilidad en arquitectura es un tema extenso, muy investigado y experimentado a lo largo de la historia de la disciplina. No puede definirse a partir de un modelo paradigmático que marque una línea a seguir, ni puede abordarse en un texto breve como éste. Como decantación, este camino de tentativas nos ha dejado una serie de estrategias de intervención que pueden ser facilitadoras de la adaptabilidad de los espacios, tanto durante los cambios que puedan producirse en su uso presente, como de cara a situaciones o usuarios futuros. En la constante redefinición de las posibilidades de flexibilidad en arquitectura a partir de nuevas experiencias, yendo de la mano de los usuarios y sus circunstancias, encontramos actuaciones que aportan una sencilla frescura y que representan una de esas estrategias de intervención que merece la pena estudiar. Como ejemplo, vamos a analizar el proyecto del estudio valenciano Piano Piano: Vila Barberà; una reforma de...

La flexibilidad en arquitectu...

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Proyectos: Estación de Benidorm | Hulot Arch St

La arquitectura está directamente ligada y entrelazada al concepto de rutina. Convivimos con y en ella cada día, cada hora, y de esa convivencia surgen apegos y desapegos. Normalmente, nos levantamos a diario en el mismo sitio, vamos a trabajar a uno o varios lugares, y nos cobijamos en casa para volver a cerrar ese ciclo habitual. La rutina es un concepto bello, que crea pequeñas familiaridades en el encuentro entre los espacios y nosotros, en el “de aquí para allá”. Pequeños guiños que solo el que vive en un lugar o lo transita a diario puede percibir, como aquella escena del film de Amelie, cuando describe el ajetreo de una mañana cualquiera mientras ayuda a su vecino invidente a cruzar la calle. Nuestros espacios de rutina, ya sean personales o colectivos, sedentarios o de tránsito, acumulan infinitas interacciones, que hacen que a veces nos preguntemos: “¿Cuántas veces habré pasado por aquí?...

La arquitectura está directam...

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Proyectos: Clínica AZA | CRUX Arquitectos + CARPE Studio

Una cosa que nos ha enseñado la arquitectura es que no hace falta buscar grandes espacios para hablar de ella. La vocación de arquitectura está presente de manera interescalar, en lo urbano como en el pequeño detalle. Y es que desde el más mínimo encuentro entre piezas, hasta en las relaciones entre megaestructuras, todo adquiere sentido con la presencia humana, con el movimiento perpetuo de las actividades diarias, con la relación entre lo material que alberga y conecta, lo humano que habita, y el entorno que acoge. Cómo se comunica el cuerpo humano en esa relación triangular es probablemente la esencia de la arquitectura. Para hablar de relaciones corporales con espacios construidos es muy atrayente por ejemplo observar los ámbitos para la danza, y cómo el movimiento del cuerpo desencadena toda una coreografía de espacios. Pero huyendo de grandilocuencias, y buscando más lo cotidiano, lo pequeño, lo imperceptible, me ha resultado...

Una cosa que nos ha enseñ...

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Problemas para ir al baño

En los países occidentales el acceso a un inodoro, un baño o una ducha es algo cotidiano. Si tenemos una urgencia o pasamos horas fuera de casa contamos con baños en restaurantes, oficinas, edificios públicos o centros comerciales. Allí los baños son espacios limpios que tienen instalaciones, saneamiento y agua corriente que nos permiten disfrutar de unos mínimos de salubridad, buen olor y condiciones de seguridad a través de una puerta y un pestillo.

Lamentablemente en otros muchos países no es así. Sabemos que 1 de cada 3 habitantes del planeta no dispone de condiciones adecuadas de saneamiento, acceso a un baño o agua corriente. Más de 2.500 millones de personas no cuentan con construcciones específicas o mínimamente dignas para esta necesidad diaria. Según el informe de Agua, Higiene y Salud de la OMS/UNICEF, 1100 millones de personas en el mundo tienen que practicar la defecación al aire libre al no tener acceso a un sistema de saneamiento (mejorado). No estamos hablando de una cuestión de simple comodidad, ya que este servicio básico es un tema tan importante que la ONU ha declarado que el Derecho al Agua Potable y Saneamiento sea un Derecho Humano Universal y que cuenta cada 19 de noviembre, con el Día Mundial del Inodoro para denunciar lo lejos que estamos de conseguirlo.

Estética y Cordón Bleu

Uno de los platos que más me gusta de nuestra cocina es el Cordón Bleu. No es un plato que esté especialmente bueno, no tiene un sabor fascinante, ni presenta un aspecto delicioso que haga salivar con solo verlo. ¿Qué será lo que tiene el plato?

Lo auténtico es su etimología. Prueba a pronunciarlo: Cordón Bleu. Un nombre sonoramente distinguido, que parece obligatorio mencionar con bigote, bombín y chaqué. Su nomenclatura francófona evoca el lujo de las históricas escuelas de hostelería, el burbujeo del champán y la textura del tafetán.  Toda una ensoñación que inevitablemente se derrumba al recibir en el plato un san Jacobo normal y corriente, acompañado (y con suerte) de alguna  guarnición de su misma categoría social.

Esta forma de mentar esta comida es un “quiero y no puedo”, una actitud excesivamente optimista de enaltecimiento de lo pobre en un intento desesperado por situarse en un estatus gastronómico que no le corresponde. Podría decirse que llamar Cordón Bleu a un San Jacobo lo convierte instantáneamente en la perfecta definición de la palabra hortera.

Pero si nos remontamos a los orígenes de su popularización, “Cordón Bleu” es solamente uno de los vestigios de una época donde lo hortera estaba allá donde alcanzara la vista: en el cine, la moda, el mobiliario, la comunicación o las tipografías. ¡Prácticamente existir era una horterada! Durante una etapa que podría fecharse entre los años setenta y principio de los ochenta aproximadamente, una estética psicodélica y muy difícil de acotar por su heterogeneidad se impuso en muchos campos. Todo aquello que no alcanzaba la categoría de “posmoderno”, bien por falta de discurso, o de entidad, quedó relegado a un deshonroso accésit en degradación continua e inevitable.

Hagamos memoria. Todos hemos conocido un “Modas Barcelona” repleto de ropa interior beige y maniquíes figurativos o un “Bar Riviera” con unos neones color flúor (de palmeras y/o flamencos), casi siempre en mal estado, además de una infinidad de locales humildes con acrónimos difíciles al paladar. Pese a que ocupaban un modesto lugar en nuestras ciudades, eran difíciles de reconocer en un movimiento estético uniforme. Personalmente, no hubiera podido nombrarlo de no ser por este artículo de Alejandro Panés para Yorokobu, con una más que recomendable conferencia de Santiago Lorenzo en La Casa Encendida. Es este guionista, escritor, productor y creador en general quien le pone nombre: El Luxe

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Un idilio entre el arte y la arquitectura: el IFAC

Hay encuentros entre personas que te llenan de electricidad. Cruces de caminos breves e intensos, cargados de magnetismo, de pensamientos compartidos, y de ideas bellas. Pequeñas conexiones inesperadas, fugaces, con fecha de caducidad, y que sin embargo quedan mucho tiempo en la memoria.

A veces, los cruces de caminos no se dan entre personas, sino entre artes, oficios, habilidades, experiencias. La inevitable atracción entre el arte y la arquitectura es una de ellas. Misceláneas explosivas, romances borrachos de imaginación.

Y, muy pocas veces, ocurren ambas cosas a la vez. Y, entonces, sólo puedes esperar a que vuelva a suceder.

Se llama IFAC, y es el International Festival of Art and Construction. Esta celebración de diez días reúne cada año a más de 300 personas de todo el planeta en algún área rural del mapa europeo: almas inquietas, llenas de libertad creativa. He tenido la infinita suerte de ser una de esas 300, y por eso quiero contar cómo es IFAC, desde su apasionante interior.

Cine / Arquitectura claustrofóbica

“Los muros de piedra no hacen una prisión, ni los barrotes de hierro una jaula; para los espíritus inocentes y serenos eso no es sino un lugar solitario.” (Richard Lovelace)

En las películas como en la vida real, los espacios donde se realizan distintas tareas adquieren diferentes niveles de trascendencia, definen naturalmente el tipo de actividades y en algunos casos las condicionan y/o limitan. La arquitectura y el paisaje en el cine pueden simplemente contextualizar la escena u obtener un papel protagónico e influir sensiblemente en el estado físico y sobretodo mental de los protagonistas. Estas locaciones seleccionadas por los artistas provocan diferentes sensaciones como ser: agobio, angustia y locura; una suerte de arquitectura “claustrofóbica” que adquiere distintas connotaciones.

Literatura, Caligrafía y Arquitectura. Maridajes y adulterios

La palabra relata una cultura. En esa suma de vocablos y conceptos, perfectamente engranados en el lenguaje mediante la estructura de la gramática, subyacen siglos de evoluciones. Pero no sólo se trata de lo que podemos aprender de su evolución, sino de las pequeñas connotaciones que tiene cada palabra y la relación entre ellas: dobles significados, ambigüedades, rasgos, rechazos o aprobaciones, de una manera tan interiorizada que no podemos controlarla. Conceptos que sólo existen en ciertas culturas, mientras que en otras son ausencias. Sentimientos y necesidades de expresión implícitos en el lenguaje, observados a través de un análisis psicológico y sociológico, nos dicen más de ellas que cualquier análisis técnico o histórico del mismo.

La palabra es, sin duda alguna, un arte: un medio de expresión de una sociedad, no solo consciente, sino inconscientemente.  El medio de expresión más sincero que hay, y al tiempo, más manipulador, donde lo que no te representa, muere, y donde las nuevas necesidades, nacen. Lo que no se puede describir no existe, tal es su poder.

Pero las artes no se pueden analizar de forma aislada. Al igual que tras las diferentes maneras de relacionar la palabra se esconden rasgos culturales, el modo en que se relacionan las artes entre sí, es también narrador de una sociedad.

Nacida de un modo de mirar

"Aquí tenemos también un arte, la arquitectura, nacida de un modo de mirar, porque de estas mínimas peculiaridades depende a lo mejor el arte de un pueblo, y sus costumbres, y su política, y hasta su manera de entender el cosmos" Ortega y Gasset...

"Aquí tenemos también un arte,...

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