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La apropiación administrativa del movimiento Okupa, o cómo ofrecer una okupación legal: el antikraak holandés

Okupar no es un hecho contemporáneo: existe desde que existe la propiedad privada. Espacios en desuso, abandonados o en standby, víctimas de crisis económicas o sociales, han sido siempre, clandestinamente, ocupados, respondiendo a la lógica de la imperiosa necesidad de supervivencia. Pero entender esta práctica como un hecho político, coordinado, revolucionario y reivindicativo, con proyecciones sobre el ente urbano, sí puede atribuirse al pasado siglo XX. El movimiento okupa es un fenómeno en vaivén en la ciudad occidental. Ligado a ciertas catarsis sociales o como síntoma de situaciones de inequidad, adquiere diferentes tintes según las épocas y los contextos. Poniendo el foco en Europa, el fenómeno encuentra sus orígenes en la contracultura de la Gran Bretaña de los años 60 a 70. De forma sucesiva, hippies y punkies comenzaron a asentarse en viviendas de propiedad pública inutilizadas, estancadas en el impasse político de la falta de fondos para su adecuación. Durante los años siguientes a las primeras okupaciones británicas, la...

Okupar no es un hecho con...

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Amor y Arquitectura: Promenade

Caminaba, como solía hacerlo de un tiempo a esta parte, con la vista clavada en la punta de sus botas de piel negras y con paso ligero, alzando la mirada únicamente para responder de un modo casi automático a cualquier estímulo imprevisto o confirmar que todo permanecía tal y como lo recordaba la última vez. Sólo de este modo podía reparar de un modo preciso en que el tipo que vendía cartuchos de almendras continuaba en la misma esquina en la que está desde hace más de treinta años, o que la luz de esas horas de la tarde parecía conferirle al paramento de mampuesto de la iglesia de San Pablo una apariencia absolutamente atemporal, como si una de esas fotografías sepia que su abuelo atesoraba en aquella vieja lata se hubiese cristalizado en el tiempo y el espacio, observando en silencio el devenir de una ciudad que apenas era capaz ya de reconocerse.

PROMENADE2

Un idilio entre el arte y la arquitectura: el IFAC

© Ana Asensio Rodríguez #IFAC2015

© Ana Asensio Rodríguez #IFAC2015

Hay encuentros entre personas que te llenan de electricidad. Cruces de caminos breves e intensos, cargados de magnetismo, de pensamientos compartidos, y de ideas bellas. Pequeñas conexiones inesperadas, fugaces, con fecha de caducidad, y que sin embargo quedan mucho tiempo en la memoria.

A veces, los cruces de caminos no se dan entre personas, sino entre artes, oficios, habilidades, experiencias. La inevitable atracción entre el arte y la arquitectura es una de ellas. Misceláneas explosivas, romances borrachos de imaginación.

Y, muy pocas veces, ocurren ambas cosas a la vez. Y, entonces, sólo puedes esperar a que vuelva a suceder.

Se llama IFAC, y es el International Festival of Art and Construction. Esta celebración de diez días reúne cada año a más de 300 personas de todo el planeta en algún área rural del mapa europeo: almas inquietas, llenas de libertad creativa. He tenido la infinita suerte de ser una de esas 300, y por eso quiero contar cómo es IFAC, desde su apasionante interior.

Ciudad

Iré a la ciudad a que me entregue su alma a que me diga su conocimiento, iré. Cuando la luz despunte desde abajo, cuando levante sus manos al aire amontonado a que me regale sus años y sus secretos, iré. Para perderme en sus calles imbricadas de tiempo, a que me diga que piensa del pasado, a que disponga su remedio a tan solitario pasaje, a eso y a que me abrace, iré. Y cuando el nostálgico silencio se sume a la luz en una danza y cuando el pétreo papelito de sus muros se haga tenue y refulgente cual topacio, cuando ella me sumerja bajo su aliento rasgado, allí escondido, bajo su pecho, latiré de nuevo y de nuevo tú agarrarás mi mano. Iré a la ciudad que ya no existe a emborracharme de silencio y de pasado olfateando las miserias del olvido amando tu recuerdo con los siglos a mi lado. Texto: Diego Quintas /  Escrito personal, publicado originalmente en AAAA magazine / Cita: Quintas, Diego: “Ciudad” /  Fecha 7 jul 2015...

Iré a la ciudad a que me entre...

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El cobijo. El mercado, la calle, el descampado.

© Ana Asensio Rodríguez

© Ana Asensio Rodríguez

Viajo. Sola. Muy lejos de casa. Sin nada más que unos cuantos trapos. No salgas del centro, me dicen.  No te metas en barrios, me advierten. No vayas por calles alejadas, tú no eres de aquí.

Es necesario visitar los mercados turísticos. Pasear por sus puestos repletos de cosas maravillosas, brillantes, perfectas. Moverte por ellas preguntando precios, conteniéndote, ajustando el bolsillo. Andar por sus abarrotadas callejuelas admirando a esos turistas rubios que hablan todos los idiomas, que pueden comprarlo todo, que nunca están sucios ni despeinados.

Es necesario, porque llega un día en que, sin prisa, rumbo ni destino (ni compañía), sales a caminar con cualquier autoexcusa, y acabas muy lejos de ahí. Ese día resulta ser un sábado como hoy, día de feria (mercadilllo en nuestro vocabulario). De repente, doblas una esquina y las calles empiezan a estar más y más abarrotadas, las aceras se ocupan y los olores se mezclan.

La ciudad sin nombre

© Daniel Natoli - Edificaciones improvisadas. Tomada con una Diana F+ con un acople trasero para Polaroid.

© Daniel Natoli – Edificaciones improvisadas. Tomada con una Diana F+ con un acople trasero para Polaroid.

La ciudad sin nombre es aquella que surge en los márgenes de la globalidad, en los suburbios de las grandes capitales expoliadas, en las naciones productivas, en los pueblos que exportan a precio irrisorio y que, por el contrario, importan demasiado poco.

La ciudad sin nombre se compone de casas a medio construir que se extienden hasta donde alcanza la vista; llanuras y lomas atiborradas de edificaciones improvisadas, a menudo de bloques de hormigón, ladrillos o adobe, que echan en falta algún tipo de decoro en su fachada que revista sus carencias. Son viviendas desnudas, tan transparentes como los rostros de quienes las habitan, tan austeras como la propia comida que allá dentro se cocina.

Al otro lado del charco / Oración a mi tierra

Isla del Ermitaño, Lago de Suchitlán, Departamento de Cuscatlán

Isla del Ermitaño, Lago de Suchitlán, Departamento de Cuscatlán. Georgina Alfaro

Nací y crecí en un país pequeñito. De tierras fértiles y negras, donde los árboles frutales echan raíz. Agradecidos van juntando sus ramas, van soltando su gran abrazo, cubriendo de sombras carreteras, pueblitos y veredas.

Crecí viendo la cordillera, al horizonte un mar de cielitos opacos por la distancia. Tierra donde los niños corren calzados y descalzos sobre calles de piedra, calles que en verano se calientan y en invierno se mezclan con lodo trazando al azar riachuelos. 

Un plano de tu ciudad para colorear.

Un plano revolucionario.

Era 1748 cuando el arquitecto y topógrafo Giambattista Nolli, impulsado por el papa Benedicto XIV, mediante permisos y financiación, publicó ‘NuovaPianta di Roma Data in Luce da Giambattista Nolli l’Anno MDCCXLVIII. Un trabajo de 17 grabados de 81 por 56 cm, de los cuales 12 presentaban, fragmentado, un plano de la ciudad de Roma revolucionario en concepto y ejecución.

12 grabados de la‘NuovaPianta di Roma Data in Luce da GiambattistaNollil’Anno MDCCXLVIII’

12 grabados de la‘NuovaPianta di Roma Data in Luce da GiambattistaNollil’Anno MDCCXLVIII’

He de reconocer que me encanta este plano. Pero no solo por su ejecución material, perfección o el grandioso empeño que supuso, que son admirables. Tampoco por la gran reflexión que trae consigo el considerar la calle, los espacios y edificios públicos de la misma categoría y representarlos consecuentemente, dándoles continuidad total(siendo esta su principal innovación y por lo que es conocido). Me encanta porque cuanto más lo miro más ideas, dudas y sugerencias nacen en mi cabeza, debido a cómo está plasmada la ciudad.