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¡Alcalde, todos somos contingentes, pero tú eres necesario!

A los arquitectos (permitidme que me incluya a pesar de no haber acabado aún la carrera) nos duele la boca de decir lo necesarios que somos en la vida de los demás. Lo importante que es que la sociedad tome conciencia de que acudir a un arquitecto para pensar su vivienda es igual de necesario que acudir a un médico para pensar su tratamiento. Pero hagámonos un favor: dejemos la manida metáfora infantil del médico y empecemos a debatir las causas reales de este desprestigio social del que nos quejamos sin parar, y que hace daño tanto a nuestra profesión como a la sociedad en general.

En un artículo recientemente publicado en el blog de la Fundación Arquia, el arquitecto Campo Baeza expresa sus quejas por este menosprecio a nuestra profesión. Si bien estoy de acuerdo con su punto de partida, la manera de enfocarlo y la respuesta que ofrece me han provocado un rechazo profundo. [Nota de los editores: Recomendamos la lectura del artículo citado, junto a esta publicación]

Arquitectura y educación. Parte I

Todavía recuerdo aquella primera clase de dibujo arquitectónico, cuando una profesora nos ordenó, como trabajo introductorio, dibujar un plano de nuestra casa en 10 minutos. “¡Un plano en 10  minutos!” Cara de perplejidad, cuanto menos.

Hasta ese momento, con mi mayoría de edad cumplida, sabía de una gran variedad de disciplinas y contaba con una inmensa cantidad de trabajos creativos a mis espaldas, en ocasiones frutos de mi imaginación, en ocasiones objetos que necesitaba. Pero, un plano… nunca me había parado a dibujar un plano. Y ahí estaba, bien cohibida por el hecho de que la primera vez que eso sucediera fuera a ser estudiando arquitectura.

Imposible olvidar la sensación de analfabetismo arquitectónico (que en su momento no supe identificar), que se repitió en la primera clase de proyectos, cuando, mientras el profesor explicaba el enunciado, en mi cerebro sólo escuchaba a mi pequeña ‘yo’ gritándome: “pero ¡¿qué es proyectar?!”.