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No es casualidad [Conversaciones de sobremesa]

Sentados a la mesa, con amigos, las conversaciones más inverosímiles toman el protagonismo, llegando a convertirse en un intercambio de ideas, de datos, de experiencias.  Es precisamente en este intercambio cuando se cruzan algunas ideas que parecen alejadas entre sí, casualidades que quizás en realidad no lo son. A mediados de los cincuenta Carl Gustav Jung desarrolló la teoría de la sincronicidad según la cual dos acontecimientos aparentemente distantes se vinculan a través de un modo que tiene sentido para la persona que lo observa, aunque ésta no lo puede explicar[1](Jung, 1952).  Éste es un texto sobre dos historias de aparente sincronicidad.

Y comprarse un edificio en Nueva York

No lo es, no es fácil apenas intentar crear algo hoy en día. Comenzar una actividad creativa obliga  a hacer adulteces (1) como decía Mafalda, llegando a olvidar a veces la esencia de qué hacer y por qué hacer. Tomando perspectiva y olvidando por un momento las adulteces a las que todos tenemos que responder, la idea de realizar un trabajo creativo es una iniciativa que muchas veces se ve truncada por la ausencia de medios, de un espacio, o de un canal de difusión. En el mundo actual, mediatizado y competitivo, apenas se distingue una buena idea de una que hace mucho ruido. Nuestro hábitat, nuestro tejido urbano, nuestra ciudad, es ese mundo en que las ideas surgen como pequeñas chispas.

La ciudad, sin embargo, es un tejido difuso. En los muchos intentos por analizarla, sistematizarla y descomponerla, las interacciones que se producen entre los diferentes parámetros de análisis recrean tantas relaciones y enlaces que no es posible tener un modelo limpio y aislado. Es una constelación tintineante y multicolor en la que pueden apreciarse dinámicas que ni siquiera son constantes en el tiempo.  Contemplando esta abstracción de ciudad, quizás es más bonito ver las luces, pero hay zonas apagadas, oscuras, que no siempre lo fueron.  Como escribía Rafael Alberti: “Dio su revés la luz. Y nació el negro” (2).

No soy un número [Estrategias de proyecto underground]

“- ¿Quién es usted?
–  Soy número 2
– ¿Quién es el número 1?
– Usted es el número 6
– No soy un número, soy un hombre libre” [i]

En 1967, unos inflables perseguían a El Prisionero, serie británica de televisión de ciencia ficción, en su fuga de ‘La Villa’. Estos extraños globos, inspirados en los globos sonda militares comenzaban a formar parte de una estética y de un lenguaje innovador a finales de los años sesenta.  De repente una estética ajena a lo académico comenzaba a asomar desde el mundo underground a la superficie. Nacía el trip arquitectónico.