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Pedro Ramírez Vázquez / Vida y Obra

Pedro Ramírez Vázquez nació y murió el mismo día, un 16 de abril. De 1919 a 2013 creció  y se forjó en México DF como uno de los arquitectos más representativos de la arquitectura mexicana. Su obra, plástica y exuberante, de líneas sencillas y ligeras de extrema elegancia, componen hoy un legado, perpetuado en las ciudades, en los estantes de las bibliotecas, y en el recuerdo de las personas.

Arquitecto como herramienta de cambio de la sociedad, y por tanto, de servicio a la misma, forma parte de esa generación de profesionales y artistas, a medio camino entre la ortodoxia de un movimiento moderno latinoamericano, y la libertad de la segunda generación moderna, ansiosa de la búsqueda de formas expresivas, alardes estructuralistas, e integración de las artes.

“Sigo diseñando, construyendo. Estoy vivo y activo”, dijo en una entrevista que le concedió a Excélsior hace dos años. Su nombre puede ahora eternizarse junto al de Eladio Dieste, Oscar Niemeyer, Lina Bo Bardi, Lucio Costa, Félix Candela y Emilio Duhart.

Una vida / La casa Melnikov

Cortesía de Do.Co.Mo.Mo

Arbat, barrio residencial de Moscú, año 1927. Nos trasladamos a la Rusia del cambio.

Tras la Revolución Rusa de 1917 y el poder en manos de los bolcheviques dirigiendo los soviets, con Lenin al mando, surge la U.R.S.S. Esta nueva Unión Soviética se enreda a partir de 1927 en las redes del totalitarismo, lanzadas por un dirigente que disponía de todos los poderes: el ascenso al poder de Stalin marcó radicalmente la transformación de la sociedad soviética, dibujándole un nuevo rostro al país, texturizado por la colectivización y la industrialización.

En esta situación política y social, la arquitectura, principal medio propagandístico-subliminal a lo largo de la historia de la humanidad, no quedó al margen. Las vanguardias revolucionarias, bañadas visualmente por una búsqueda provocativa de formas libres y cantando a la funcionalidad, con el constructivismo como estandarte, se vieron cegadas por una nueva arquitectura.

En medio de este panorama se construyó la Casa Melnikov, hogar que vio los últimos 45 años del arquitecto Konstantin Stepanovich Melnikov. Esta obra significaría un antes y un después en la vida del artista: su propia casa sería su más famosa y reconocida obra, pero también, la más amarga.