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Arte y Arquitectura: Decay / Matthias Haker

© Matthias Haker

Estas paredes hablan. Aquí vivió gente. Aquí rió, o lloró. Ahí hubo banquetes, bailes, besos, pesadillas y tristeza. Aquí hubo grandes historias y pequeños momentos, ahora cubiertos bajo el peso de la extinción, bajo las sombras de la decadencia.

Algo apocalíptico danza entre las hojas secas que se acumulan en la intersección de estos muros, en las sinuosas curvas de estas escaleras. Algo que asusta, y que al mismo tiempo, te atrae hacia su interior, hacia el escenario de un ocaso, hacia la agonía de la arquitectura.

No es una ruina. Nunca será ese cúmulo de piedras que lucen orgullosas en alguna plaza, rodeadas de turistas armados con sus cámaras. Desmoronamiento maquillado por las restauraciones, como cuando una anciana trata de mantenerse joven luchando contra el inexorable paso del tiempo.

Estos edificios no se visten de vanidad, sino que ocultan sus secretos entre las sombras. Pero en ese desamparo se esconde también una belleza intimista, descubierta por el fotógrafo alemán Matthias Haker, que tratará por encima de todo de perpetuar esa lenta decadencia, no sólo en la película fotográfica, sino manteniendo en silencio dónde yacen hasta su destrucción estas venus arquitectónicas.

© Matthias Haker

Matthias Haker es un estudiante de Informática de Medios, que actualmente vive en Dresden, Alemania. Desde 2008 anda enamorado de la fotografia, lo que lo ha llevado a vagar alrededor del mundo en persecución de la belleza, como tantos otros enamorados. Pero Haker tiene una mirada muy particular. Mágica. Y así nos lo muestra en su serie Decay.

© Matthias Haker

En sus fotografías, la ausencia es protagonista, invadiendo antiguos espacios que ahora son nuevos escenarios. Espacios arrasados, no sólo abandonados, que cuentan historias, intrínsecamente ligados a la actividad que se desarrolló en ese lugar.

 “El abandono como plenitud. La conciencia moral de un mundo en ruinas revela una posibilidad de plenitud a través de la ósmosis con la naturaleza. La ruina como plenitud de la arquitectura. La ruina como tiempo sumergido. La ruina como flor. La ruina como resistencia. Lo calcáreo, lo raspado, lo gastado, lo oxidado, lo descascarillado y sus teoremas correspondientes. La ruina como arquitectura sumergida. Esto fue, aquí fue, aquí vivieron, y sus imposibles correspondientes. La ruina revela la inutilidad de todo proyecto y la hermosura de esa inutilidad. La belleza de lo que es. La invasión de la naturaleza en la ruina. Establecimiento de una democracia de la luz en la intersección entre la arquitectura y el reino de las hojas. La casa regresa a la naturaleza. Entonces la ruina deja de ser ruina, porque es naturaleza de nuevo.” [Poesía de la lentitud: Andres Ibañez]

La luz entra en esos espacios de manera lenta, creando una atmósfera espesa con esas superficies cubiertas de polvo y vegetación, de moho y desechos. Eso se potencia con un retoque fotográfico de gran extracción del detalle, remarcando la superficie de cada partícula, de cada desconchón. Iluminación de la oscuridad, oscurecimiento de la luz. La imagen se convierte en algo plano e irreal, casi cruzando la línea hacia la pintura, extendida sobre un lienzo texturizado, intentando imitar la realidad.

En oposición, la imagen retratada suele perseguir la profundidad: salas como largos corredores con un punto de luz al fondo, succionador de la atención del observador. Como esa luz al final del túnel, momentos antes de morir; antes de que el espacio muera, de que la ruina se derrumbe y caiga sobre nuestras cabezas.

Soledad. Espacios bañados por la luz, pero sin sombras, como un fantasma no se refleja en el espejo, ni oscurece el suelo tras sus pies en una negra proyección. Sólo la luz se proyecta: Luz pintada en el polvo que flota en el aire, como líneas entrando por esas ventanas, único contacto con el mundo exterior.

Sólo la luz devuelve los colores robados a estas paredes relegadas a las tinieblas, llenando de nuevo de vida los espacios, activando sus colores, en una fotografía pictórica en la que nosotros imaginamos y decidimos qué gente vivió aquí. Quién rió, o quién lloró.

Texto: Ana Asensio Rodríguez / Fotografía: Matthias Haker / Escrito originalmente para Plataforma Arquitectura / Cita:Asensio, Ana. «Arte y Arquitectura: Decay / Matthias Haker» 16 Jun 2013

Ana Asensio Rodríguez

Ana Asensio (Almería,1986). Arquitecta formada entre Granada, Venecia, Londres, Santiago de Chile y Madrid. Especializada en memoria y arquitectura popular (Beca Iniciación a la Investigación, UGR, 2015), y Habitabilidad Básica para Asentamientos Humanos Precarios (Postgrado UPM, 2017), desarrolla su actividad a través de la investigación, el documentalismo, la acción cultural y la práctica arquitectónica, especialmente centrada en los cruces de caminos entre el conocimiento popular, la cultura contemporánea, los derechos humanos y el hábitat rural. Su trayectoria profesional está íntimamente ligada a los contextos africano y latinoamericano.