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Arquitectura Popular: Hábitat Excavado… ¿Obsoleto?

Arquitectura Excavada… ¿Obsoleta? © Ana Asensio

La arquitectura excavada es quizás el paradigma de la adaptación del ser humano a un territorio, y de la optimización de los recursos propios de un lugar. Como tantas otras tipologías “naturales”, ha sido denominada “infravivienda” durante demasiados años.

Esto nos ha llevado a una situación actual que las mantiene al margen de las normativas. Aunque hoy nos centraremos en la problemática de las cuevas de Andalucía (España), es necesario recalcar que este tipo de hábitat significa el alojamiento permanente de millones de personas de todo el mundo desde tiempos inmemoriales: Marruecos, Argelia, Túnez, Egipto, Libia, el Sahel Subsahariano, Afganistán, Palestina, Siria, China, Tíbet, México, California, Turquía, Balcanes, Sicilia, Francia, Cerdeña y España…

Como vemos, las cuevas excavadas suelen localizarse en zonas áridas, y son fruto de unas muy concretas condiciones, tanto de clima y naturaleza del terreno, como sociales y económicas.

En España encontramos cuevas repartidas por casi la totalidad del territorio, pero es en Andalucía donde adquieren una importancia especial, ya que hoy en día mantiene su uso como vivienda configurando el hábitat primordial de numerosas poblaciones.

A esto hay que añadirle su valor histórico: sus interesantes orígenes y la supervivencia en el tiempo pese a haber visto épocas de auge y de abandono. En Andalucía surgen en la zona de Granada y Almería de manos de los últimos musulmanes tras la “reconquista” cristiana (época mudéjar). Los mudéjares son expulsados de la trama urbana y se ven obligados a hacer la vida extramuros. Estos y otros motivos histórico-políticos son el origen de la idea de clandestinidad y uso de la cueva como ocultación de la identidad.

Hasta finales del XIX no se hace un verdadero estudio científico-técnico de las cuevas como tipología arquitectónica (salubridad, saneamiento, resistencias…). Un paso adelante fue el informe sobre Arquitectura Subterránea encargado por la Consejería de Obras públicas y transportes de la Junta de Andalucía, en 1989. En él se hace el primer intento de censo, y las primeras, aunque poco acertadas, propuestas de intervención. En dicho estudio (y posterior publicación, para los interesados en el tema) se llega a unas conclusiones importantes:

“La arquitectura excavada es una de las más singulares expresiones de arquitectura popular, participando plenamente de sus mismas condiciones de funcionalidad y adecuación a una determinada forma de vida. Hasta esta investigación, los datos eran escasos y la mayoría erróneos. […]. El conocimiento de esta variante de la arquitectura popular nos ha permitido sacar dos conclusiones importantes:

1. No siempre se trata de barrios marginales. Cuando esta marginalidad se produce es fruto de condicionantes culturales, sociales y económicos, no del hecho de que su hábitat sea la cueva.

2. Se trata de una arquitectura orgánica que crea espacios de gran riqueza, plenamente integrados en el paisaje y en su medio físico, cuya recuperación es necesaria”

Desde el momento en que se realizaron estos estudios (hace aproximadamente 25 años), la situación ha variado muy poco o nada, despertando aún un escaso interés investigador. Vamos a dar unas pinceladas como base para ese estudio multidisciplinar:

ESTUDIO GEOLÓGICO

La geología y la climatología son el primer detonador y condicionante para la presencia de cuevas. Normalmente las encontraremos en zonas áridas, antes inundadas (por mares o lagos), que generan una capa sedimentaria importante. Posteriormente estos terrenos se erosionan sobre todo a causa del régimen de lluvias torrenciales de este tipo de climas, dibujando paisajes “lunares” como en Guadix o Almería. En estas zonas existirá un sustrato geológico de arcilla magra, que facilita la excavación (tradicionalmente, a pico).

El oficio tradicional era el del “picaor de cuevas”. En la actualidad se está perdiendo y sustituyéndose por máquinas excavadoras que abren el agujero en un tiempo récord. Como contrapunto negativo, el hecho de que la máquina no tiene el agudo sentido del picaor para detectar fallas en el terreno, bolsas de arena (sin carácter cohesivo y muy destructivas), etc.

Así, los terrenos más adecuados serán blandos, compactos y protegidos de filtraciones de agua, y compuestos principalmente por arcillas magras, conglomerados, areniscas blandas, o calizas.

Almería © Ana Asensio

ESTUDIO PAISAJÍSTICO

Como vemos, terreno y clima son el germen para la existencia de cuevas; un terreno y un clima que dibujan un paisaje concreto. La aparición de estas arquitecturas requiere una compresión de ese paisaje: situarse, conocer sus cualidades estructurales y constructivas, y saber aprovecharlas. Esto no es ni más ni menos que leer la propia arquitectura implícita en el terreno, reconocer espacios en él (como desde épocas pretéritas se han localizado refugios, abrigos, murallas naturales…) para posteriormente potenciar y mejorar sus características. Estas intervenciones irán convirtiendo el paisaje natural en paisaje antropizado.

En el caso de la arquitectura excavada, el objetivo será la búsqueda de espacios a través de la sustracción del propio terreno, una transformación no reversible y progresiva que irá alterando la naturaleza del mismo: A pesar de mantener su cota, el terreno nunca recuperará su carácter “original”, ya que habrá generado un ámbito “sottoterra” y “sopraterra”, análogos del interior – exterior en la arquitectura construida.

granadablogs.com

Cortesía de granadablogs.com

ESTUDIO ESPACIAL

Los espacios y la relación entre los mismos condicionan la forma de vida de una vivienda. En el caso de las cuevas, que no parten de acotar un espacio en el entorno infinito, sino de un de un entorno acotado en el que buscar espacios, los elementos cualificadores habituales (vistas, luz, espacios internos-externos) tendrán un carácter peculiar:

La luz en una cueva será un elemento difuso, progresivo, y que determinará usos en el interior de la vivienda. Fluye hacia dentro, al igual que el aire, los sonidos y el paisaje, llegando a unos espacios introvertidos y aislados. Por ello, el espacio exterior complementa y alimenta ese interior introvertido.

La placeta dará el equilibrio. Este espacio vacío es el contrapunto extrovertido y de encuentro de la cueva. Se calienta, genera movimientos de aire que penetran en la vivienda, permite iluminación y vistas… Siempre existe un diálogo exterior-interior.

En este tipo de construcciones excavadas la “separación de usos” (distribuciones) se hace desde la coherencia de que cada ámbito sea usado de la forma que él mismo permite: accesos, terreno, espacios públicos, privados, vivienda, escalera… a veces puede estar todo en un mismo espacio y reunir las condiciones para ello.

 © Ana Asensio

© Ana Asensio

ESTUDIO URBANÍSTICO

Actualmente se tiende a confundir urbanizar con crear infraestructuras urbanas. La arquitectura de cuevas se adapta a un terreno que no es un lienzo en blanco, no responde a procesos geométricos, sino que incide de forma invasiva, comprimiéndose y expandiéndose, ocupando terreno. En el urbanismo de cuevas, el límite es la propia capacidad de carga del terreno, es decir, es muy importante la conciencia del entorno. ¿Hasta dónde crece entonces la ciudad?, ¿este tipo de áreas de cuevas son parte de ella?, ¿existe una normativa urbanística especial que las regule, teniendo en cuenta sus peculiaridades y límites?

Hasta hace poco creíamos que una ciudad sólo consumía suelo. Ahora estamos viendo que también consume recursos, que desequilibra su exterior, que consume miradas sobre el paisaje.

Cortesía de http://3.bp.blogspot.com/

Cortesía de http://3.bp.blogspot.com/

ESTUDIO DE SOSTENIBILIDAD Y EFICIENCIA ENERGÉTICA

La naturaleza de la cueva hace difícil su tipificación, ya que como otras tipologías populares, cada una es diferente y se tienden a aplicar modelos de la arquitectura “construida” para después extrapolarlos a ésta.

La arquitectura sostenible contemporánea reflexiona sobre el impacto ambiental de todos los procesos implicados en una vivienda, fijándose sobre todo en unos factores: ecosistema en el que se asienta, sistemas energéticos de ahorro, materiales de la construcción, reciclaje y gestión de residuos… Todo esto asegurando unas condiciones de confort, ya que de poco sirve que un espacio sea sostenible pero no habitable.

En una cueva, el confort depende principalmente de los niveles de humedad (que determinará la necesidad de ventilación de la vivienda) y temperatura interna (dependiente del calor latente, el gradiente geotérmico y el espesor del terreno).

– El conocimiento del terreno será crucial, ya no sólo a nivel estructural, sino también en cuanto a capacidad térmica: La incidencia de la inercia del terreno (cantidad de calor que puede conservar un cuerpo y velocidad con la que lo cede o absorbe de su entorno) amortigua los picos de temperatura exterior. En el caso de las viviendas excavadas, la envergadura del “cerramiento” es tal que la transmisión de calor no se realiza exterior-interior sino exterior e interior simultáneamente al cerramiento, amortiguando el flujo de calor. Además, las cuevas tienen una superficie expuesta mínima, por lo que los efectos de radiación y/o infiltraciones serán despreciables. De esta manera, la cueva se autorregulará, tanto en invierno como en verano.

– En cuanto a la humedad, el factor que más relevancia cobra es la ventilación: Una cueva tiene que ventilar y respirar continuamente, no solo con ventanas y chimeneas, sino con el terreno. Las cuevas que están mucho tiempo cerradas o que se revisten exterior o interiormente de cemento (impermeabilizándolas), son las que más corren el peligro de desmoronarse. Si la cueva no es capaz de regularse de forma natural, acabará afectando tanto a su confort como a su resistencia.

Con estas características, podemos hablar no sólo de sostenibilidad arquitectónica, sino también económica y social, al suponer un ahorro exponencial con el paso de los años.

© Ana Asensio

© Ana Asensio

PROBLEMÁTICA

Los principales inconvenientes que afectan a esta tipología son debidos a la falta de regulación, no a su validez arquitectónica. Ocupan principalmente temas de propiedad y dominio y urbanismo, veredas de paso, los espacios ni públicos ni privados, y por supuesto, normativas de construcción (cómo, porqué, que patologías sufren, cómo se interviene en ellas…)

¿Cómo podemos extrapolar legalmente el concepto de propiedad a las cuevas? ¿Cómo hacer unas escrituras basándose en las leyes que definen la “vivienda”, si sabemos que no podemos aplicar este modelo a las cuevas? ¿Cómo controlar su construcción si ni siquiera se reconoce el terreno como material de construcción? ¿Cómo analizarla si no encaja en los parámetros de códigos técnicos, civiles, sistemas de representación?

La problemática es infinita, y todo parte del no reconocimiento de la cueva como una tipología arquitectónica, lo que lleva a que no esté contemplado por la ley…

Como vemos hay mucho por hacer… ¿empezamos?

Texto: Ana Asensio Rodríguez / Fotografía: Ana Asensio Rodríguez & grandablogs.com & 3.bp.blogspot.com// Escrito originalmente para Plataforma Arquitectura / Cita: Asensio, Ana «Arquitectura Popular: Hábitat Excavado… ¿Obsoleto?» 16 May 2012

Ana Asensio Rodríguez

Ana Asensio (Almería,1986). Arquitecta formada entre Granada, Venecia, Londres, Santiago de Chile y Madrid. Especializada en memoria y arquitectura popular (Beca Iniciación a la Investigación, UGR, 2015), y Habitabilidad Básica para Asentamientos Humanos Precarios (Postgrado UPM, 2017), desarrolla su actividad a través de la investigación, el documentalismo, la acción cultural y la práctica arquitectónica, especialmente centrada en los cruces de caminos entre el conocimiento popular, la cultura contemporánea, los derechos humanos y el hábitat rural. Su trayectoria profesional está íntimamente ligada a los contextos africano y latinoamericano.