Top

Turistas, experiencia urbana y simulacros.

Quiero hablar de ellos, de los turistas. No como como objeto de estudio fenoménico, o como mapeo turístico urbano, sino como presencia influyente en la vida cotidiana de la urbe.

Turistas, como escenografía múltiple, casi invisibles, pero pieza perenne de esos museos vivos urbanos que son las ciudades, parte del paisaje público, identidad, presencia que dilata o restringe el espacio físico. Parte activa en romances y guiones, en literatura, cine… Allí están, en las historias e interacciones urbanas. Cómo imaginar, ahora, algún lugar arquitectónico histórico sin ellos. Transportes, piazze, plazas, place. ¿Hay día en el que en una pizzería o bar del centro en Roma; bistrot o cafetería en Paris; mesón o cafetería en los Madriles, no haya un vaivén de esta marea atemporal de usuarios visitantes?, ¿qué urbanita, amante, adicto a la arquitectura (y a su más allá) que se nutra del placer de la experiencia de los viajes, tránsitos, estudios y dibujos, puede extrapolar la nube policromática que se moviliza a diario en los espacios públicos, los emplazamientos históricos, la escala humana y los recorridos de los turistas?

Son inherentes, indisolubles. Familiares, inevitables.

Ajedrez. Movimiento y espacio

Vamos a empezar una partida de ajedrez, no voy a sorprender a nadie. Voy a mover un peón, sin perder mucho tiempo en decidir cual…, por ser el primero, dos posiciones al frente.

No es necesario ser un experto en el tema para poder observar la jugada y ser consciente de haber visto cómo emprender en el vacío, como actuar sin precedentes. Pero hay muchas opciones para empezar y hay que estudiarlas. Existen formas de aprender el inicio desde el final, de construir un cuento desde la moraleja. Y también hay formas de asumir un punto intermedio, uno de tantos nudos en la partida como inicio para oír lo pasado y dibujar las siguientes jugadas con permiso del enemigo.

La Capitalización del Movimiento

Tijuana © Elsa Solorio Borbón

Tijuana © Elsa Solorio Borbón

Día a día, millones de personas se ven obligadas a pasar un buen número de horas detenidas en la congestión vial de ciudades atrapadas en su propio tránsito. Las ciudades, con su gente y sus rutinas, crean fuertes inercias pendulares que generan un movimiento rítmico y secuencial.

Moverse de arriba abajo, de izquierda a derecha, a cierta hora y ciertos días de la semana, es inevitablemente parte de la vida cotidiana, con tiempos y rutas que se piensan o desean calculables. De ahí que gran parte de la irritación ciudadana provenga del entorpecimiento de los desplazamientos.

Porque el accidente de tránsito, la remodelación vial o la marcha funeraria, atentan contra uno de los valores más preciados que el humano posee: su tiempo.